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viernes, 31 de octubre de 2014

Los retoños de la RAE

A lo largo de la historia la lengua ha sido un instrumento de éxito, el medio por el cual muchos amantes de la lengua han sido premiados. En español son varios los premios que reconocen el prestigio de autores que, gracias al uso que han hecho de la lengua, han creado auténticas obras de arte para el resto la humanidad. Así, el Premio Nobel de Literatura –un galardón internacional– en los últimos años ha premiado a personalidades del mundo de la lengua española como Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela o Gabriel García Márquez, entre otros. El premio Planeta, concedido por una editorial española, ha premiado a Jorge Zepeda Patterson, Clara Sánchez o Lorenzo Silva en los últimos años. El Premio Príncipe de Asturias de las Letras ha destacado a autores como Antonio Muñoz Molina o Augusto Monterroso en sus últimas ediciones. Del otro lado del continente europeo también se reconoce la labor de autores como Jorge Volpi, Antonio Skármeta o Ángela Becerra gracias al Premio Planeta-Casa América.

En este contexto, cabe plantearnos algo: el componente básico de estos éxitos. Y no es nada más que la lengua española que, aunque moldeada por la pluma de los galardonados, sienta las bases del encanto que estos premios emanan. Aunque quizás sea hora de premiarla a ella, y qué mejor manera que haciendo un buen uso de la misma. Pero, ¿cómo podemos determinar en qué consiste el buen uso del español?, ¿está relacionado con lo correcto?, ¿o más bien con la norma?, ¿qué importancia tiene el uso cotidiano que hacemos de la lengua? Si tratamos de dar respuesta a estas preguntas, quizás lleguemos a saber cómo premiar a nuestra lengua.

La Real Academia Española establece el conjunto de normas que regulan la lengua. Sin embargo, ¿podríamos afirmar que la normalización de la lengua implica un uso correcto de la misma? Para muchos profesionales de la lengua, la corrección va más allá de la norma. Martínez de Sousa, ortotipógrafo y lexicógrafo,  no destaca por acatar la norma en silencio, sino por argumentar de una forma razonada sobre el uso de la lengua. Esto podría llevarnos a plantearnos si el uso cotidiano de la lengua, que quizás no está registrado por escrito, es algo digno como para considerarlo correcto.
Podríamos decir en este momento que el término medio aristotélico sería una de las maneras de abarcar la cuestión del uso o la norma de la lengua. ¿Es estrictamente necesario el cumplimiento de la norma? O más bien, ¿habría que aludir a la razón y evitar los sinsentidos de la norma? Estas preguntas quizás no tengan una respuesta clara, ya que cada hablante puede opinar algo distinto. Pero, ¿realmente somos dueños de la lengua?

La Real Academia Española parece ser la madre que cuida de sus retoños. Sin embargo, estos retoños son de un padre distinto cada uno. Algunos son claramente hijos del inglés; es el caso de aquellas palabras incluidas en el diccionario como voces inglesas: marketing, copyright, software, etc. Otros son hijos ingleses criados en países hispanohablantes: airbag, gay, espray, etc. Otros son mellizos, uno de ellos hijo de padre inglés y otro de padre español: sesión fotográfica/shooting, mercadotecnia/marketing, ir de compras/shopping. Y otros, aunque hijos de padre inglés, no son reconocidos por el mismo: jipi, bluyín, güisqui, cederrón, nocaut, jonrón, etc. Por otro lado, nos encontramos con los hijos de la RAE de otro padre, la actualidad: mileurista, amigovio, feminicidio, papichulo, birra, chupi, etc. Y luego ya, contamos con los bastardos de la actualidad, aquellas palabras que no han sido ni reconocidas por la propia RAE y que la actualidad se pregunta el porqué de esta discriminación, como follamigo y Smartphone.


¿Cómo vamos a dar respuesta a estas preguntas si la RAE no nos ayuda con un enfoque claro de la lengua española? ¿Por qué no se ha adaptado *guei en lugar “gay”? ¿Cuál es la diferencia con “güisqui”? ¿Es la RAE una institución discriminadora o más bien una institución cuyo rumbo resulta indefinido para los hispanohablantes? La verdad es que nos hubiera encantado poder terminar el artículo con una respuesta clara a todas estas preguntas, pero mejor os dejamos el debate a vosotros. ¿Sois dueños de vuestra lengua o sois "acatadores" de la norma?

jueves, 16 de octubre de 2014

«Diccionario de la lengua española», 23.ª edición

Hoy, 16 de octubre, se publica la 23.ª edición del Diccionario de la lengua española (DRAE), coincidiendo con la celebración del tricentenario de la Academia. El DRAE cuenta con una historia de tres siglos y hasta la fecha se ha visto modificado en veintitrés ocasiones. Nació con el Diccionario de autoridades (en seis tomos), publicado de 1726 a 1739; pero fue en 1780 cuando se publicó la primera edición del DRAE como tal.  Su última modificación tuvo lugar en 2001, siendo la 22.ª edición.

Con la participación de 22 academias de la lengua española se ha trabajado en las modificaciones del diccionario; estas se han ido reflejando por tandas en el DRAE de consulta en línea a través de los artículos enmendados. El  14 de marzo de 2014 se finalizaron todas las modificaciones del DRAE, que lo dejaron listo para su publicación en octubre de 2014.

La tarea que la RAE se propone con el nuevo DRAE, según la propia institución, es la de llegar a convertirse en referencia para todos los hispanohablantes. Esta ardua tarea es especialmente difícil ya que somos alrededor de 500 millones de hispanohablantes los que nos vemos afectados por estos cambios.

Los objetivos que se marca la RAE con la 23.ª edición son el enriquecimiento, la modernidad y la coherencia. También se ha hecho hincapié en las marcas geográficas americanas y en los extranjerismos (con la incorporación de neologismos), en la actualización de léxico y en cambios en la estructura de las entradas.

Esta nueva edición es la más revisada de la historia, con más de 100.000 enmiendas, 5.000 voces más, 93.000 artículos y 200.000 acepciones.

Algunas de las nuevas palabras que se han incorporado al diccionario están relacionadas con las necesidades que han surgido a los hablantes a lo largo del tiempo, principalmente por motivos tecnológicos. Algunas de ellas son: cameo, precuela, dron, SMS, etc. También hay otras que por uso se han visto recogidas en esta edición: ugetista, pepero, canalillo, culamen, mariconada, judiada, isidril, rociero, etc.

Con respecto a los extranjerismos, se han acuñado palabras del inglés, por ejemplo, que han sido adaptadas a la grafía española: tuitear, tuitero, tuit, blog, bloguero, hipervínculo, jonrón, etc. Sin embargo, hay otras que han mantenido su grafía original a pesar de mantener la pronunciación de su lengua origen: pen drive, sudoku, sushi, etc.. Otras, como “tableta” (refiriéndose al aparato electrónico), que ya existía la entrada en el diccionario, han sido incorporadas como una nueva acepción dentro de esa misma entrada.

Algunas voces se han visto modificadas en sus definiciones, como es el caso de “estado”, “masculino” o “femenino”. Otras modificaciones relevantes son la exclusión de de “ch” y “ll” del alfabeto y la denominación de “y” como “ye” de “w” como “doble uve”.

Las modificaciones también abarcan las reglas de acentuación. Por ejemplo, la “o” que se escribe entre números ya no se acentúa ya que, debido a su grafía, no da lugar a confusión con el cero. La palabra “solo”, que se acentuaba cuando correspondía al adverbio “solamente” para diferenciarlo del adjetivo “solo” ya no lleva tilde ya que, según la institución, el contexto va a ser siempre clave en la determinación del significado.

Siguiendo esta pauta, los demostrativos que actuaban de pronombres por no ir acompañando a sustantivos y que, por tanto, se acentuaban, pierden la tilde debido a que ya no existe esa necesidad. Otras palabras han perdido la tilde por considerarse monosílabas, y como todo monosílabo, no se acentúan: ion, guion, truhan, etc.

Por último, los cambios en el DRAE han hecho que 1350 palabras se envíen al diccionario histórico. Aquí tenemos algunos ejemplos: bajotraer, bigorrella, acupear, alidona, fenicar, sagrativamente, dalind, etc.

En esta entrada resumimos algunos de los cambios que veremos reflejados en la 23.ª edición del DRAE. Ahora, ¿qué conclusiones se pueden sacar?, ¿estáis de acuerdo con todos los cambios?, ¿está la RAE adaptada al día a día?, ¿son todos los cambios adecuados, razonables y coherentes? Aquí os dejamos estas posibles reflexiones para que juzguéis y opinéis vosotros mismos.